jueves, 20 de octubre de 2016

SERENDIPIA

                  ( Imagen extraída de internet ) 

Solía sentarse sobre el rascacielos del mundo y hasta jugaba a ser equilibrista entre husos horarios, según dónde le tocara su tiempo de descanso .Se acostaba de espaldas al sol, incrédula de aquel otro rostro que se orientaba a su semblante. Barajaba un solitario que se vestía de luto, pero no se llevaba en el alma.
Quizás en aquel recóndito universo que habitaba en sus ojos, existía vida luego de su muerte. Pálida, destemplada y sin acordes, solfeaba notas con voces prestadas y le dedicaba un concierto a las nubes donde reposaba Beethoven .En alguna ocasión se la vio entrar por la ventana de un niño; hoy ya hombre, consolando su llanto y cambiando de rumbo aquellos nefastos torrentes bermellón .Aún conserva el recuerdo de sus cabellos negros y una risa robada a su inocencia .Por esos entonces, que sabría ella de soltar " Dientes de León" al olvido.
Y así regresaba, mojada hasta sus entrañas de tantas lágrimas hurtadas y un desconsuelo inerte que azotaba la sombra de un camisón ya sin alas .Aún así, en su noche siguiente, volvía a dejar sus pantuflas perfectamente acomodadas y su cama sin deshacer hasta que volvía la madrugada.
Dejó pétalos de besos al aire y en una cajita de orquídeas con su corazón, para aquel  amor de otros tiempos. No escatimó en caricias o abrazos, ya estaban acordados por pura causa y efecto,  pero tan llenos de afecto que no importó ni el por qué ni el cómo.
No siempre veló de suspiros de vida, también de aquellos perdidos que sonámbulos transitan sin nombre .Como no podía ser de otra manera, no le faltó destreza para alternar con la muerte. Siempre había una ocasión para un café frente al río Aqueronte, dónde  la parca le confesaba sus penas  mientras Caronte cruzaba sombras sin prisa.
No sé qué hubiera sido peor, si ser el abogado del diablo o el confesor de la muerte .Aunque queda bien claro, que en punto frío no había comparación.
Con el tiempo se hizo osada, se alistó en un consejo de siete brujas o tal vez la séptima era ella y no se reconoció. Tan pequeña como una canica, se trepó sobre sombreros y sapos. Saltito a saltito, hasta la puerta de la magia y una llave que guardaba el poder que atrapó la inquisición.
Gritó con coraje su nombre, no supo de miedos y entre siete brujas río. 
No sé si era una elegida o tan sólo llevaba coronita de predilección. Más creo que descalza se hacía camaleónica y en varios espejos podía bailar sin condición. 
Algunas noches se las dedicaba al amor, viajaba en la popa de un barco junto a su alma gemela y tomados de las manos pintaban con besos una luna llena dedicada a Poseidón. Otras veces se vestía de sirena y en un cordón de corales le cantaba una nana al fruto de su corazón. Cómo no querer desnudarse de su cuerpo, si sólo en el adviento de sus sueños podía reflejarse en aquellos ojos negros que la amaban bajo mil universos y una misma canción. 
Algunos creían era locura, para mí ella sólo buscaba escaparse y entre tantos latidos perdida, al unísono, se encontró. 

Autora: Mariana R. Regueiro . Ariel 
Licencia de Creative Commons
Serendipia by Mariana R. Regueiro. Ariel is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en https://vuelvoamimar.blogspot.com.es/2016/10/serendipia.html.


miércoles, 19 de octubre de 2016

BESOS DE AGUA



Se pronostica buen tiempo.
Aunque prefiero...
cuando llueven tus besos
y me mojan en sueños .
El olor a tierra mojada
nació en mi piel
y eso si
que no estaba pronosticado,
estaba escrito.

Mariana Regueiro . Ariel
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Besos de agua by Mariana Regueiro Ariel is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en https://vuelvoamimar.blogspot.com.es/2016/10/besos-de-agua.html.

jueves, 6 de octubre de 2016

LA PUERTA DE LOS VIENTOS




He escrito mil veces 
sobre trozos de cielo,
al reverso de hojas muertas,
y en cada brote de vida 
donde el polvo de la tierra
se hizo parte de mi piel.

Aprendí a caminar descalza 
por un camino que no me vio nacer,
sin embargo,
me gesté albacea de su origen, 
eternizada en cada huella 
de tiempo perfecto,
fuera del propio tiempo.

Me hice parte de un silencio impoluto,
esos que se hacen dentro del alma
y te dejan el legado de un maestro.
Tomé la quietud de aquella montaña en punta,
que esconde tras su rostro 
un sol con historias de muchos mundos
y entre tantas, la del mío.

Me senté bajo aquél árbol;
que aún marcado,
se quedó en pie para esperarme,
timoneando un barco con sus velas desplegadas
hacia el norte del pozo de San Juan;
que aún con nieve,
brilla en alto por el grito de sus sueños.

Hubo una luna de siete vidas
que me reconoció por vez primera,
bautizándome desnuda 
bajo el claro de su ala.
Si de amapolas se pintaron mis mejillas,
fue de amor y por amor
que volvieron a la vida.

Fue entonces,
cuando se abrieron las puertas de los vientos, 
fui brote, hoja, árbol,
polvo, tierra, camino;
huella, silencio, montaña,
cielo, sol y luna.
No fui nada y lo fui todo 
de su voz y en mi voz,
fui vida y destino.

Autora : Mariana Regueiro . Ariel