lunes, 23 de marzo de 2015

¿DÓNDE VAN LAS LÁGRIMAS CUANDO NO MUEREN EN LOS OJOS?



¿Dónde van las lágrimas cuando no mueren en los ojos?

Quizás se quedan goteando en ventanales ausentes
a instancias perfectas del sonido
 a quien nadie dio final.
Parten una y otra vez hacia el mismo viaje,
llevando a cuestas un mismo equipaje
y sin boleto de vuelta,
en el andén del olvido, olvidan regresar.
Seguramente padecen ceguera
y en un nudo invidente se quedan sin respirar.

¿Dónde van las lágrimas cuando no mueren en los ojos?

Tal vez se crean invisibles y en su traslúcida ignorancia
no llegan a ser nunca palabra,
tan sólo para que nadie las vuelva a recordar .
Vagan en una misma noche su agonía
sabiendo lo que nunca llegarán a ser
sin haberlo podido siquiera padecer.
Añorarán por siempre aquello que nunca han tocado
imaginando la paz de unos labios
con el sabor vedado de tanta soledad.

¿Dónde van las lágrimas cuando no mueren en los ojos?

Se quedan en el purgatorio del llanto,
disfónicas de tanto gritar en vano,
exiliadas por querer ser suicidas
en el pozo de su oscuridad.
Y allí esperan ser redimidas
en los ojos de alguna sirena enamorada
como  perlas de cristal.

Autora : Ariel
¿Dónde van las lágrimas cuando no mueren en los ojos? - (c) - Ariel

Dedicado a mi amiga Conchita Hernández , en honor a su frase :
" ¿Dónde van las lágrimas que no mueren en los ojos?"



domingo, 8 de marzo de 2015

YO SOY MARIANA , YO SOY ARIEL.



Hoy desperté con la bendición de ser más mujer que nunca; de mi memoria corrieron ríos de sangre que llevan mi nombre en cada gota.
Nací, como bien dijeran muchos, en cuna de oro. Hija de un matrimonio que se amaron como pocos, volví a ver en este mundo. Desde muy pequeña me enseñaron el significado del amor, y lo vi plasmado en sus besos y sus “te amo” mientras se tomaban de las manos jurándome que jamás se separarían. Tuve una infancia hermosa, con cuatro hermanos mayores de matrimonios anteriores, y con dos sobrinos con los que me críe.
 Con el esfuerzo de ambos, estudié en un colegio privado hasta terminar el secundario. A los dieciocho años perdí a mi padre y empecé a trabajar para ayudar a mi madre, mientras estudiaba en la universidad la carrera de Publicidad que nunca pude terminar.
A los veintiún años me casé y fui madre por primera vez. A partir de allí comencé a transitar un camino de penurias y alegrías, mientras iba madurando junto a mi niña. Cuando mi madre enfermó, tuve que dejar mis estudios. Llegó mi segunda hija y seguí luchando en un país que me lo hacía cada día más difícil. Quedé embarazada de mi tercera niña, pero lamentablemente, mi madre murió un mes antes de dar a luz.
Habiendo perdido todo lo material, decidí subirme sola  a un avión  rumbo a un país desconocido, con una bebé en los brazos y las otras dos prendidas de mis ropas. Dejé mi tierra, mi casa, vendí todas las cosas que mi madre me había regalado para que mis nenas vinieran con ropita nueva y nos les faltará nada en los comienzos. Las vi llorar al dejar sus juguetes, sus mascotas, nuestra familia y amigos. Pero nada me detuvo, sólo mis ganas de forjar un mundo mejor para ellas me mantuvo en pie. Aquí, en completa soledad, le hice frente a la depresión, la enfermedad, incluso correr el riesgo de ser por años, una indocumentada. Trabajé de lo que pude, aun cuando nunca lo había hecho, fregando casas, cuidando niños, abuelos.  Cada día me iba haciendo más fuerte.
Me enfrenté a mis miedos, al machismo, al maltrato; levanté la cabeza, bien alta, y proseguí. Cuando la soledad quiso llevarme a la locura, encontré mi árbol y me sané de todo lo que acarreaba desde años.
Al fin volví a sentir el abrazo y el amor que de niña me habían dado. Aprendí a mirarme al espejo, y a través de la imagen que me devolvía, fui moldeándome; sólo necesitaba mirarme y amarme. Cambió mi cuerpo y mi mentalidad; me liberé de todas las ataduras que me habían impuesto por años.
Aprendí a no tener miedo, a defenderme, a amarme, y a hacer lo mejor que sé: dar amor.
Empecé a escribir y me di cuenta de todo lo que podía hacer en este mundo virtual para ayudar a otros, enseñando todo lo que sé. Me descubrí en la tierra como sacerdotisa; en mi árbol y en el mar, como esa sirena que siempre he sido más allá de esta vida. Vi tantos milagros y me han dado tantos regalos… no podrían imaginar todas las cosas que vieron mis ojos y que quizás muy pocos han logrado ver. Me siento muy afortunada con este universo,  por eso jamás, pese a todo, dejaré de dar amor. Siempre he amado con intensidad, hoy mismo sigo haciéndolo, y si tuviera que dar mi vida por ello, lo haría sin dudarlo.
Ariel no nació de un cuento, Ariel no es un dibujito, Ariel nació de la unión de dos mundos por esa constante necesidad de  contar y ser.
Siempre, por amor, fui escalando; por amor a mi hija mayor caminé entre los muertos, me rodearon ángeles, liberé y sané con mis manos, y fui tierra, agua y árbol.
Caminé entre la nada, y en la nada me hice fuerte desde el amor. Hoy soy más mujer que nunca para vivir por y para el amor.

Mujer y sirena YO SOY. Mi nombre es Mariana, mi nombre es Ariel.

                                                 Autoras: Las dos 




jueves, 5 de marzo de 2015

QUE LO DIGA NOVIEMBRE...




Y me preguntas: ¿por qué tienes que quererme?
Pregúntale al trébol que cuelga de tu cuello,
si es mala o buena suerte,
que te diga por qué me ató a tu pecho.
Y ahora, como vagabunda sin sitio,
me conformo con ser ocupa en tu sentimiento.
De día río por la ventana de tus sueños
y de noche lloro la pena en tu alojo.
Pregúntale a tus ojos carceleros
que de mis retinas hicieron la condena
de mi silueta en tus versos;
y si has sido tú quien me ha creado
para ahogar tus te quiero o tus te amo
en un eterno reclamo.
Y si aún te quedan dudas, pregúntale a la lluvia,
esa que no cesa porque se ha aliado con mis ojos
para hacerte saber lo triste que se ve mi cielo.


Y me preguntas ¿por qué tengo que quererte?
eso pregúntaselo a Noviembre,
porque ahí sí que culpa no tengo,
y sino que salgan de testigos Diciembre, Enero
y hasta el corto febrero,
que han visto cómo en tus brazos me has retenido.
Y si no que te lo digan mis labios
que ya no saben a fresa,
sino al Cola Cao de tu matutino capricho,
ese que justo antes de tocar las siete
me deja tu pijama azul a rayas y un beso.
O tal vez tus te extraño o los míos,
que se miman entre horas como el picoteo
de los te amo que vendrán luego.
Si aún te quedan dudas, pregúntale a mi voz
que se quiebra en las líneas que escribes
cuando me echas de menos.


Ahora junta todas las respuestas
y piensa qué quieres…
o me amas como merezco
o me entregas de vuelta a tus sueños.
Yo te seguiré amando hasta que en otra vida
se atrevan a despertarme tus besos.



Autora: Ariel




Que lo diga Noviembre - (c) - Ariel