martes, 2 de septiembre de 2014

EL ÚLTIMO TANGO


En la penumbra de una sala que evoca el sentimiento,
Un violín llora en sus acordes su lamento.
La rosa de su pecho en su ansia se desangra,
Ocultando la mirada bajo el ala del sombrero.
Tacos de aguja que desbordan la pasión que anuncian,
De la grana de su boca un hilo de humo lo convoca.
Girando en el vuelo de sus hombros los deambula,
Deslizando su tacto por el púlpito de su espalda.
Pondera altiva su belleza provocando sus sentidos.
Es su mano que se ciñe, al compás de su cintura
Quitando  el aire donde calló la alondra.
Entrelaza sus dedos a la piel curtida por su hombría,
El bacán con su perfume la enamora.
Las teclas de un piano confabulan en la entrega
Aventando el saco, con la pena que lo asiste.
La seducción se sirvió en la copa de vino que lo embriaga,
Para beberse el alma en su último conjuro.
De carmín se pintó el tallo, con el rouge de sus labios,
Mordiendo entre dientes la pasión de un aliento.
Entre taco y quebrada se fraguaba el deseo,
Donde el tajo de la falda lo aprisiona a su desvelo.
Las caderas  se ciñeron a los giros de su estampa,
Para dejarlo caer de su boca hasta su pecho.
De su pierna atrevida una liga le regala
Descubriendo el arte que el amor baila.
Bajo la lira de una luna eclipsada;
La última pieza de un bandoneón, en los versos se declara.
Silenciando la noche las luces se apagan;

Muere el tango del desamor, en los brazos de su amada.

Autora: Ariel

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